El inglés necesita de un verbo fatalista para emplear la expresión ‘enamorarse’: to fall. O sea que el enamorado no exactamente asciende a un estado superior, sino al contrario: cae. Tropieza, se distrae, en entrampado. Cae, igual que Luzbel. Si Cristo hubiese dicho ‘Enamoraos los unos a los otros’, ya estaríamos todos viviendo en el Infierno. Pero sería injusto concluir que Amor y Averno son instancias iguales o siquiera equivalentes. El diablo de allá abajo y el diablo del amor podrán ser parientes, y en un momento socios, pero sus métodos difieren tanto como la horca del veneno, el sable del cuchillo, el cañón de la trampa.
“Diablo Guardián” – Xavier Velasco