En esas semanas, perdí y recuperé a Tom muchas veces en una serie infinita de especulaciones a las que me entregaba sin precaución alguna, ignorando aún que la especulación es un ácido corrosivo que destruye la esperanza. En vez de resignarme, me estaba haciendo daño con esa serie de promesas y decepciones imaginadas, de llamadas que no eran las suyas, de cartas que no aparecían nunca en el buzón, de noches solitarias que desperdicié escuchando los ruidos de mis vecinos, sólo para comprobar que habían desaparecido los suyos y que de su casa no provenía nada más que un irremediable silencio. Las cosas se transformaban a mi alrededor como si la realidad fuera el patrimonio de los otros, de los que no vivían esperando. Empecé a tener la sospecha de que había ido a Sicilia para ver a otra mujer. La duda se convirtió en un verdadero suplicio.
“Después del invierno” – Guadalupe Nettel
Escrito por carlosmun