Al salir de la escuela, podía pasar horas en un café mirando caminar a los peatones, a los estudiantes vestidos de colores llamativos que realizaban encuestas en los lugares turísticos como Odéon o Place Saint-Michel. Todo el mundo iba de prisa. Me intrigaba el ritmo apremiante de esos pasos, tan distintos de los míos, que la mayoría de las veces carecían de un destino preciso. Seguramente todos ellos tenían un objetivo en la vida, y acababa preguntándome cómo había hecho yo para quedar fuera de esa dinámica. Era como si las personas que me rodeaban poseyeran una información que nadie me había transmitido o como si en algún momento de su vida alguien les hubiera revelado un secreto que yo, por un motivo u otro, desconocía. Era así de simple: ellos tenían claro lo que hacían en el mundo, yo no. Ellos eran los protagonistas de algo apasionante o estúpido —como puede ser cualquier vida—, yo era la espectadora de una película cuyo inicio no recordaba.
“Después del invierno” – Guadalupe Nettel
Escrito por carlosmun