Imaginación y sueños

septiembre 29, 2013

Estoy entendiendo por imaginación no la facultad de crear y operar imágenes mentales, sino la de conjeturar. La imaginación es la facultad de movernos, de avanzar, de captar lo posible. Con o sin imágenes mentales.

El trabajo imaginativo tiene estas características:

  1. Siempre es lateral y escondido. Es decir, opera en una zona oblicua a la atención.
  2. Siempre surge espontánea e instantáneamente, es decir, sin esfuerzo registrable de nuestra parte, súbita, novedosamente.
  3. Siempre consiste en conjeturas particulares, no hay en ella procesos ni generalidades, ni siquiera razonamientos, sólo posibilidades concretas. La imaginación esconde su trabajo.
  4. Siempre se presentan las conjeturas no como conjeturas, sino como si así fuera la cosa, es decir, la imaginación es muy aseverativa, no dice “esto es una hipótesis o una conjetura”, sino “esto que te digo es real, sucedió, sucederá o está sucediendo, esto es así…” (Por eso distinguir lo imaginario de lo real es, a menudo, trabajo fino de artista.

Entonces las definiciones básicas son estas:

  1. Pensar es lento, reflexivo, trabajoso. Imaginar es súbito, irreflexivo, gratuito. El pensar es ordenado, gradual, responsable. El pensar es relampagueante, instantáneo, irresponsable. Pensar es un proceso, imaginar es un acto.
  2. Cuando recordamos, estamos en un libreto compartido. Recordar es detectivesco: preguntamos, consultamos documentos. Cuando imaginamos no estamos en ningún libreto, sino en el libre juego de lo posible, sin restricciones. La única manera de distinguir lo imaginado de lo recordado es acudir al libreto. Lo imaginado, como decíamos, no tiene marca alguna de fábrica.

Los sueños son trabajo imaginativo, son digamos la flor más emocionante de la imaginación, cuando ella, la loca de la casa, toma los controles y guía la nave entera de nuestra vida mental.

“Sobre la naturaleza de los sueños” – Hugo Hiriart


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