Sueños y música

septiembre 29, 2013

Esto se debe a que en los sueños no hay provisionalidad en vista a un final, como en los chistes y cuentos, los sueños no se organizan así, en cada instante del sueño está todo el sueño, todo es igualmente importante, todo está dado en cada momento, y, por eso, no puede resumirse. Los sueños son como un presente que de desplaza, que crece.

¿Qué otra famosa actividad tampoco puede resumirse? Sí, claro, la música. La música y los sueños son la emocionante hazaña de la sucesión pura, sin mirada sinóptica. Resume una sonata de Scarlatti, no se puede, no tiene ni siquiera sentido pedirlo.

El modelo de los sueños no es el cuento, un sueño no se parece a un cuento, el modelo de los sueños es la música. El sueño es la música nocturna, la serenata que oímos mientras estamos dormidos.

“Sobre la naturaleza de los sueños” – Hugo Hiriart


Bacterias en la música

agosto 28, 2011

Schönberg era consciente de la existencia de esa bacteria. Ya en 1930 escribía: «La radio es un enemigo, un despiadado enemigo que avanza irresistiblemente y contra la que toda resistencia es vana»; la radio, «sin sentido alguno de la medida, nos atiborra de música (…), sin preguntarse si queremos escucharla, si tenemos la posibilidad de percibirla», de tal manera que la música pasa a ser un simple ruido, un ruido entre otros ruidos.

La radio fue el pequeño arroyo en el que todo empezó. Llegaron después otros medios técnicos para reproducir, multiplicar, aumentar el sonido, y el arroyo se convirtió en un inmenso río. Si antaño se escuchaba música por amor a la música, hoy aúlla constantemente por todas partes «sin preguntarse si queremos escucharla», aúlla por altavoces en los coches, en los restaurantes, en los ascensores, en las calles, en las salas de espera, en los gimnasios, en las orejas taponadas por los walkman; música reescrita, reinstrumentada, acortada, desgajada, fragmentos de rock, de jazz, de ópera, flujo en que todo se entremezcla sin que se sepa quién es el compositor (la música convertida en ruido es anónima), sin que se distinga el principio del fin (la música convertida en ruido no sabe de formas): el agua sucia de la música en la que muere la música.

Capítulo 39 – La Ignorancia, Milan Kundera


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