Incondicionalidad

septiembre 29, 2013

El amor es un bien que no he perdido. Cuando entre las condiciones que se le ponen al amor no se halla la correspondencia de quien se ama, y en realidad tampoco puede hallarse ninguna otra porque se ha decidido amar incondicionalmente, el amor, que por su propia vehemencia vive más allá  de posesiones tan irrelevantes como el bienestar y la cordura, sólo puede perderse con la vida. No he muerto, luego amo.

“Diablo Guardián” – Xavier Velasco


Saber y sentir

septiembre 29, 2013

No te voy a decir que te amo, porque eso no se dice. Además, tú un día me dijiste que yo no era nadie para hablarte de eso, y puede que sea cierto. Una es la última persona autorizada para andar diciendo lo que siente o no siente. Saber y sentir son cosas diferentes. Cuando sientes no sabes, y cuando crees que sabes ya dejaste de sentir. O sientes otra cosa, que es igual, porque en realidad sigues sin enterarte. Nunca me he preocupado mucho en ver por dentro. Creo que me da miedo descubrir que no hay nada. O todavía peor, que lo descubran otros antes que yo.

“Diablo Guardián” – Xavier Velasco


El peso de la inercia

septiembre 29, 2013

¿Qué hacen los astros para evitar la colisión? Lo mismo que él: aferrarse a la inercia que los lleva a la catástrofe. Como los vagones de un tren, cuyo poder sobre la locomotora no es otro que la certeza de que al final, cuando el estruendo gane tiempo y forma, se destruirán con ella. Pero sus ojos eran de tal modo tóxicos que nada, ni siquiera el mirarse huérfano en su ausencia, pudo alertarlo a tiempo. Puesto que eso, estar a tiempo para su salvación, le habría parecido una cobardía tan abyecta que, de perpetrarla, el Infierno habría llegado antes.

“Diablo Guardián” – Xavier Velasco


Cigarro de mujer a medio terminar

agosto 26, 2013

Ni si quiera sonrió, sólo se fue. Pig levantó el cigarro, miró el color naranja del bilé  decidió chuparlo largamente. Luego tosió y tosió, y todavía así volvió a chupar el humo. Siguió tosiendo, se dobló, jaló aire, sintió los ojos empapados y sin poder hablar pensó, intermitente, fragmentariamente, mientras le hacía señas a un mesero  para que le trajera un vaso de agua, que no hay en este mundo situación más jodida que la de un hombre solo en una mesa con un cigarro de mujer a medio terminar. Peor todavía, a medio comenzar. Por eso prefería continuar ahogándose con su penoso rictus de no-fumador, antes que compartir la mesa con el cigarro solitario y todavía humeante. Prefería imaginarla riéndose a sus costillas, con mandíbulas, párpados y pupilas danzando juntos sólo para él.

“Diablo Guardián” – Xavier Velasco


Matemáticas de la memoria II

agosto 28, 2011

…se esforzó en revivir la imagen de su mujer, pero le afligió la indigencia del resultado. Ella tenía una decena de sonrisas distintas. Obligó a su imaginación a redibujarlas. Fracasó en el intento. Tenía un don para las réplicas graciosas y rápidas que le encantaban. No fue capaz de evocar ni una. Un día se preguntó: si reuniera uno a uno los pocos recuerdos que le quedaban de su vida en común, ¿cuánto tiempo sumarían? ¿Un minuto? ¿Dos minutos?

Éste es otro enigma de la memoria, aún más fundamental que todos los demás: ¿puede medirse el volumen temporal de los recuerdos? ¿Acaso se desarrollan en una duración? 

Capítulo 36 – La Ignorancia, Milan Kundera


Matemáticas de la memoria que inciden en la nostalgia

agosto 28, 2011

Tampoco la memoria es comprensible sin un acercamiento matemático. El dato fundamental radica en la relación numérica entre el tiempo de la vida vivida y el tiempo de la vida almacenada en la memoria. Nunca hemos intentado calcular esta relación y, por otra parte, no disponemos de ningún medio técnico para hacerlo; no obstante, sin grandes riesgos de equivocarme, puedo suponer que la memoria no conserva sino una millonésima, una milmillonésima, o sea una parcela muy ínfima, de la vida vivida. Esto también forma parte de la esencia misma del hombre. Si alguien pudiera conservar en su memoria todo lo que ha vivido, si pudiera evocar cuando quisiera cualquier fragmento de su pasado, no tendría nada que ver con un ser humano: ni sus amores, ni sus amistades, ni sus odios, ni su facultad de perdonar o de vengarse se parecerían a los nuestros. 

Nunca nos cansaremos de criticar a quienes deforman el pasado, lo reescriben, lo falsifican, exageran la importancia de un acontecimiento o callan otro; estas criticas están justificadas, pero carecen de importancia si no van precedidas de una crítica más elemental: la crítica de la memoria humana como tal. Porque la pobre, ¿qué puede hacer ella realmente? Del pasado solo es capaz de retener una miserable parcela, sin que nadie sepa por qué ésa y no otra, pues esa elección se formula misteriosamente en cada uno de nosotros ajena a nuestra voluntad y a nuestros intereses. No comprenderemos nada de la vida humana si persistimos en escamotear la primera de todas las evidencias: una realidad, tal cual era, ya no es; su restitución es imposible.

Me imagino la emoción de dos seres que vuelven a verse después de muchos años. En otros tiempos, se han frecuentado y creen, por lo tanto, que están vinculados por la misma experiencia, por los mismos recuerdos. ¿Los mismos recuerdos? Ahí precisamente empieza el malentendido: no tienen los mismos recuerdos; los dos conservan del pasado dos o tres situaciones breves, pero cada uno las suyas; sus recuerdos no se parecen; no se encuentran; incluso cuantitativamente no pueden compararse: el uno se acuerda del otro más de lo que éste se acuerda de él; primero, porque la capacidad de memoria difiere de un individuo a otro, pero también porque la importancia de uno para el otro no es la misma.

Capítulo 35 – La Ignorancia, Milan Kundera

 


Matemática de la Nostalgia

agosto 28, 2011

Cuanto mayor es el tiempo que hemos dejado atrás, más irresistible es la voz que nos incita al regreso. Esta sentencia que parece común, sin embargo es falsa. El ser humano envejece, el final se acerca, cada instante pasa a ser siempre más apreciado y ya no queda tiempo que perder con recuerdos. Hay que comprender la paradoja matemática de la nostalgia: ésta se manifiesta con más fuerza en la primera juventud, cuando el volumen de la vida pasada es todavía insignificante.

Capítulo 22 – La Ignorancia, Milan Kundera


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