No soy novelista por dos flacas razones: casi carezco de nalgas, lo que me impide permanecer sentado largo tiempo. Este aspecto anatómicoliterario, al parecer risible, creo que ha sido descuidado por los estudiosos del género, pues estoy cierto de que teniéndolo en cuenta, se encontrarían nuevos ángulos desde los que se podría enfocar el estudio de la producción literaria.
La relación novela-nalgas es fácil de evidenciar. Propongo, a manera de ejemplo, a Dumas, padre, y a Balzac; no dejo de reconocer sin embargo, que existen otras, como las de Marcel Proust y las muy nuestras, las de Don Artemio del Valle Arizpe, que aunque más enjutas darían más de qué hablar que las propuestas primeramente.
Los desnalgados somos poetas o cuentistas. A medida que las nalgas ganan en volumen, la obra literaria aumenta en tamaño, en proporción directa.
Es ocioso, pues, seguir estudiando cuál es el límite de las cuartillas para que un cuento deje de serlo y se transforme en novela corta o para que ésta pase a ser una novela a secas. Lo que debe hacer el crítico literario es algo más sencillo y positivo: hay que mirarle las nalgas al autor y clasificarlo. Que sí culígordo, novelista; que sí culíflaco, cuentista. Y sanseacabó.
“Un día de estos” – Salvador Gallardo Topete
Escrito por puntorandom